sábado, 14 de mayo de 2011

Pseudomedicinas: estatinas

Puede que esté condicionado por mi ámbito de interés profesional, ingeniería en redes de ordenadores y teoría de colas, donde la investigación consiste en diseñar nuevos mecanismos y demostrar en la medida de lo posible que funcionan y son mejores que eventuales otros ya existentes, que mi perspectiva sobre la investigación en otros ámbitos del conocimiento es bastante crítica. Me explico. Desde mi punto de vista (lo digo así por si la clasificación no es todo lo completa para considerarla ortodoxa) hay dos tipos de investigación en referencia a los temas médicos:
  1. Machacadora de números. En estos casos los experimentos suelen tener una población de más o menos sufridos pacientes/roedores (u otros animales de laboratorio) más o menos involucrados en, al menos, dos comportamientos o tratamientos distintos. En relación al nivel de involucre hay dos grandes grupos.

    • Los meros estudios epidemiológicos, donde la población no suele estar involucrada en nada más que en anotar lo que come, por ejemplo. Intentar apoyar hipótesis apriorísticas a partir de estos, puede dar lugar a sonrojantes ridículos, sea cual sea lo elevada de la posición personal inicial.

    • Los estudios de intervención, donde usualmente tenemos una parte de la población tomando un tratamiento y la otra, usualmente, un placebo. Si el experimento está mal diseñado, no hay conclusión útil posible.

    En ambos, se deja pasar el tiempo y se toman mediciones directas (mejor), como mortalidad, o indirectas (peor, por no decir, depende de la medida, totalmente inútil), como nivel de colesterol (¿qué decía de inútil?), del nivel de salud de ambos grupos, pasando a procesar con herramientas estadísticas los números resultantes (sin control, esto se convierte en algo tan fiable como los números en manos de un político, vamos, que con el suficiente interés se encuentran brotes verdes donde no los hay). Podemos decir que de aquí deberían salir las pistas necesarias para la elaboración de hipótesis serias que, sin embargo, necesitarán del siguiente nivel para poder ser consideradas realmente avance en el conocimiento.
  2. Elaboración y comprobación de hipótesis de mecanismos bioquímicos/metabólicos (si soy impreciso o incorrecto en la terminología... pues se siente —¿ya os he dicho dónde quedaron mis estudios de biología?—). A partir de este tipo de investigación, podremos decir que no estamos simplemente navegando en un océano de desconocimiento.
Que extraer conclusiones, más allá de hipótesis de trabajo, de los estudios del primer tipo de investigación es cuando menos pecado de soberbia no lo digo yo, sino respetados investigadores como John Ioannidis. Bueno, en realidad no hace referencia directa a la soberbia... pero sí que concluye que el 90% de la información médica publicada sobre la que se basan los médicos es defectuosa. Además de sus artículos (por ejemplo, si no os asusta la estadística podéis leer Why Most Published Research Findings Are False —duro— o Why Current Publication Practices May Distort Science —habla de conceptos estadísticos y económicos, pero no tiene ni una sola fórmula, por tanto mucho más asequible—), no está de más leer: algo más suave, aunque indirecto, Lies, Damned Lies, and Medical Science; algo más literario, aunque impactante, The Decameron of poor research (imprescindibles el segundo y del cuarto al noveno); algo más sobre múltiples experimentos, aunque volvemos a la estadística de manos de Chris Masterjohn, The Great Unknown: Using Statistics to Explore the Secret Depths of Unpublished Research.

¿En qué tipo de investigación se apoyan las estatinas (por ejemplo, Lipitor) —otro día hablaremos de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina—? ¡Je, je!, la respuesta era fácil de adivinar, dado el título de esta entrada... Así es, en estudios del primer tipo de la más alta (¡¡ja jaajaa!!, ¡que me parto!) calidad —ciertamente hay conocimiento basado en investigación del segundo tipo al respecto de su funcionamiento inhibiendo la HMG-CoA reductasa y por tanto la producción de colesterol, no así de reducción de enfermedad cardiovascular, dado lo incorrecta de la hipótesis lipídica—. Si tenéis a alguien cercano que estén estatinizando, no dejéis de leer, al menos, el artículo referenciado, Disappointing recent cholesterol-lowering drug trials: is it not time for a full reappraisal of the cholesterol theory?, porque la conclusión sobre la seriedad y validez de todos los estudios de intervención anteriores a 2005 (hubo cambio de exigencias a raíz del batacazo con el antiinflamatorio Vioxx), y con ello la auténtica utilidad de las estatinas, es, no sólo a mi juicio, inesquivable.

¿Intento yo, soberbio de mí que no soy médico, intentar convenceros de que no hagáis caso a vuestro médico y dejéis de tomar estatinas? ¡No!, ¡válgame dios! Yo sólo intento convenceros de que os informéis y toméis vuestras propias decisiones. Luego si decidís aplicar vuestro derecho número 10 como paciente, será cosa vuestra. Yo aún no me han intentado estatinizar, por lo que aún no he tenido que hacer uso de él. Como bien apuntan la pareja de Perfect Health Diet en Statin Idiocy, más vale normalizar los niveles de vitamina D3 en sangre (colecalciferol) y complementar vitamina K2 que tomar estatinas; si, además, os centráis en el, ya probado, resto del enfoque preventivo (está por ver, eso sí, si es necesario reducir el LDL a base de restringir grasas saturadasa mí los indicios me dicen que no—), miel sobre hojuelas. Bueno, obviamente siempre habrá un roto para un descosido: aquel que no quiera tener una mayor esperanza de vida pero preferiría otra causa probable de fallecimiento a un accidente (cerebro- o cardio-) vascular, como cáncer, por ejemplo.

martes, 3 de mayo de 2011

El cabreo


Con 42 años hace más de 24 años que he dejado atrás mis últimos estudios de biología (3º de B.U.P.). Sinceramente, tampoco me ha molestado nunca leer artículos divulgativos al respecto (menos mal), pero no contaba con tener que ponerme al día respecto a la alimentación y posibles complementos alimenticios dado que, como prácticamente todo el mundo, solía delegar ese tipo de decisiones sobre los hombros de los abnegados médicos occidentales: estando mi ámbito de trabajo directamente relacionado con el mundo científico (bueno, ingenieril pero con fuerte base matemática), daba por hecho que el objetivo de la medicina moderna sería la búsqueda, mediante el método científico y el espíritu crítico, de la salud por el camino más efectivo y de menores efectos secundarios posible. Craso error.

Tras años de esquivar la mantequilla, quesos curados, leche entera y grasas animales, y sustituirlos por margarinas, quesos frescos y leche desnatada, siguiendo las recomendaciones oficiales para cuidar mi alto colesterol, me entero de que la colesterolfobia procede de dos hipótesis, lipídica (concentraciones altas de colesterol en sangre causan enfermedad cardiovascular) y dieta generadora de enfermedad vascular (alta ingesta de grasas saturadas causan enfermedad cardiovascular), que NO han sido corroboradas... por decirlo suavemente. Si además tenemos en cuenta que la hipótesis lipídica nace de la selección inocente por parte del iluminado Ancel Keys de los datos que más le convenían, la única conclusión es que no es prudente delegar en quien las dé por ciertas. En fin, todo gracias a leer por casualidad a Adolfo David Lozano (bloguero de Juventud y Belleza) este verano. Aún estoy cabreado.

¿Y quién dirige y en qué se centra la medicina moderna?: La dirigen todo lo que pueden las farmacéuticas para vender sus pseudomedicinas (si no puedes dejar de tomarlas porque no te curan... pues no son medicinas). ¿Sueno ya suficientemente desquiciado y paranoico? Pues no, no es paranoia si realmente te persiguen... e intentan estatinizarte metiéndote miedo en el cuerpo para que temas al temible y destructor colesterol. Es terrible cómo se retuercen lo indecible los estudios médicos, mientras se ignoran métodos eficaces de prevención y tratamiento, por, entre otros motivos, la falta de incentivos económicos a curar (al menos en EE.UU.) más la natural y humana inercia y resistencia al cambio.

¿Para qué creo este blog?: pues para desbarrar y contar mi experiencia personal. ¿Por qué el nombre?: pues porque tomo una gran cantidad de pastillas, muchas de ellas por la simple zoquetería de esquivar algunos componentes de los multivitamínicos; lo de diario es para despistar ;-).

Por cierto, ¿aciertan en algo con la tabla de alimentos recomendados que os adjunto? (me la dieron por dos veces): sí, es difícil fallar en todo, y por ejemplo de los aceites y grasas recomendables aciertan con el de oliva (virgen extra); los otros dos, de girasol y maíz, son más parecidos a venenos que a otra cosa.